PREGÓN DE
FIESTAS
- Santiago
Apóstol 2007 – Navarredondilla -
Sr.
Alcalde y Corporación Municipal, entrañable y querido pueblo de
Navarredondilla:
En primer lugar permitidme dar las
gracias a
la recién estrenada Corporación Municipal por el inmerecido honor de encargarme la glosa del
Pregón de las Fiestas Patronales de Santiago Apóstol. Para mí, además, es un reto que asumo como respuesta a
esta deferente y amable invitación que me ha hecho la nueva Corporación.
No es el momento ni yo la persona
indicada para hacer, aquí y ahora, un buceo en la antiquísima historia de
nuestro pueblo. Pero, como mi carnet de identidad empieza a resultar pesado por
los veinte trienios que a día de hoy soporta, no puedo por menos que recordar
aquí una época,
quizá no muy lejana, pero, tal vez, desconocida para la maravillosa juventud
que hoy disfruta en Navarredondilla.
Mediados
los años cincuenta del pasado siglo, Navarredondilla era un pueblo
precioso, típico de estas sierras que preside el Pico Zapatero, con sus casas
de piedra de granito. El casco urbano se alzaba pintoresco y recoleto desde la carretera,
ascendiendo por la Iglesia, cruzando la
Plaza y la Calzadilla, hasta llegar a la Cabezuela, cuya ladera oeste se
cubría, asimismo, de pajares y corrales de la misma construcción. La bucólica
imagen fotográfica que desde el Puente se contemplaba, era recogida y guardada en las cámaras
fotográficas de unos pocos extranjeros de turismo hacia Gredos.
Aquellos
eran años difíciles y España toda estaba muy mal y muy empobrecida. No obstante, los jóvenes de hoy debéis saber que, a pesar de estas circunstancias, el pueblo, nuestro querido pueblo de
Navarredondilla, tenía un algo peculiar
que hacía que, en nuestros humildes hogares y en nuestras relaciones sociales,
hubiese una alegría natural y espontánea.
Los niños y los jóvenes que pululábamos por estas calles en aquellos años no
teníamos parques de atracciones ni vacaciones a la playa para poder
divertirnos. Durante el día y hasta los 14 años íbamos a la Escuela Única,
en la que nos juntábamos casi un centenar o más de muchachos, donde el Maestro,
Don Manuel Parada, nos dejaba su vida y su sabiduría. Las chicas tenían su
propia escuela -cosa de aquellos tiempos- con similar escolarización.
Cuando caía la tarde y el sol se guardaba
perezoso entre Zurra y Cabezalta, la alegría
desbordaba en nuestros rostros, porque llegaba la hora de juntarnos todos en la plaza, chicos y mozos, y
ver qué juego emprendíamos esa noche. Recuerdo aquellos rescates en que el campo de escondite era, prácticamente, todo el
término municipal: hasta la dehesa –por la parte de abajo- y hasta los prados
de los Casares –por arriba-. ¡ Vaya
tela ! En verano las eras, con sus
montones de algarrobas, cebada, trigo y centeno se convertían, también, en
lugar idóneo para diferentes juegos o
para contemplar el hermoso cielo estrellado de las noches serranas.
No
os quiero decir nada, cómo disfrutábamos cuando llegaba el verano y para poder
bañarnos
íbamos a limpiar el Pozo de Tío Cholo, en nuestra garganta. O nos íbamos
andando a 2 Kms, hasta el Pozo del Linarillo en el término de San Juan del
Molinillo e, incluso, hasta las hondas pozas que se forman en las lanchas del
Cogote, cerca de los Castrejones. Hay una anécdota curiosa, al respecto: Eran otros tiempos y nuestras madres no
veían con buenos ojos que nos bañásemos diariamente y, para comprobar si nos
habíamos bañado, nos hacían un raya en los brazos o en las piernas. Y nosotros,
para jugársela, nos embadurnábamos con tierra del camino los brazos y las
piernas. Total, que llegábamos a casa
más sucios que antes de bañarnos.
Eran
tiempos difíciles y hasta que, a principios de los sesenta, no se abrieron las
puertas de la emigración –como muy bien ha plasmado en su Libro de Memorias
nuestro buen amigo y paisano Juan Martín Santamaría- no había en el pueblo sino unos pocos aparatos de radio y ningún
televisor. Recuerdo cómo se enfadaba el farmacéutico, José-María, cuando nos hacinábamos los muchachos en su ventana,
para ver la primera televisión que vino al pueblo o cómo teníamos que rogar, ya
más tarde, a Costa para que enchufara
en su bar la Tele y pudiéramos ver las aventuras del perro Rintintin, las corridas del Cordobés o disfrutar de algún
partido del Real Madrid en la vieja
Copa de Europa.
Las fiestas eran esperadas y celebradas
por todo lo alto. Estrujando al máximo nuestros escurridos bolsillos, nos
atrevíamos a disfrutar de la sabrosísima carne
de oveja, que, comprada en las 3 carnicerías que había entonces en el
pueblo, asábamos después en los hogueriles de nuestras casas o en las cocinas
de los carniceros. El pueblo todo olía
a ese placentero sabor que se desprendía de
la borra asada en nuestras
lumbres bajas. ¡Uhmmm, aún me llega casi
aquel olor!
Quisiera, ahora, dirigirme particularmente
a la juventud. Mirad, estáis en la edad
de disfrutar y pasarlo bien, pero, a la vez, de plantearos metas ilusionantes,
objetivos hermosos y atractivos. Es la época de las grandes ilusiones: ¡Vividla
a tope! Intentad divertiros, pero, a la vez, esforzaros en madurar en una doble dirección: respetando y depurando las tradiciones
recibidas de los mayores y buscando, a la vez,
nuevos horizontes, propios de vuestra edad y de esta época. Los jóvenes de Navarredondilla, hoy,
debéis distinguiros, como antes lo han
hecho vuestros padres y abuelos, por dos
valores fundamentales: Por un lado, una alegría desbordante y contagiosa y,
por otro lado, una hospitalidad con los que se acercan al pueblo, que haga que
nadie se sienta forastero.
Permitidme, antes de
terminar, una confidencia muy personal. Ayer al despertarme, recordaba con gran
satisfacción un sueño que había tenido durante la
noche, con Navarredondilla como centro.
Os lo voy a contar.
Soñé que Navarredondilla era un pueblo pequeñito,
sí, pero que tenía una Casa de la Cultura, que era la envidia de los pueblos
colindantes. Esta Casa de la Cultura tenía dos salones:
-
En
uno de ellos, había una estupenda Biblioteca, con su sala de lecturas, que
estaba repleta de libros, unos cedidos o donados por los propios vecinos, y
otros comprados con los fondos de la Asociación que se había formado al efecto.
-
En
el otro salón, se habían instalado 8 ó 10 ordenadores, donde niños, jóvenes y mayores
acudían a aprender su manejo y, navegando por Internet, calmar y colmar, así, aquellos deseos de conocer nuevos mundos
que permanecen latentes en nuestros genes,
pues, las gentes de
Navarredondilla hemos sido siempre andariegos y emigrantes, que hemos luchado
mucho para dar a nuestros hijos un trozo de pan de trigo y un trozo de pan de
bienestar y cultura.
Disculpadme que os haya contado este
sueño particular, pero, es que estoy convencido que la cultura no es un lujo, sino algo indispensable para la educación
de unos ciudadanos que sean capaces de juzgar con criterios objetivos todo lo
que les rodea, sin caer ni en
fundamentalismos ni en supersticiones de ningún tipo.
Y
basta ya de palabras. Solamente desearos, sincera y cordialmente, unas divertidísimas
Fiestas, donde comáis y bebáis, con cierta moderación, si es posible, pero todo cuanto os
apetezca y que os divirtáis hasta que
el cuerpo aguante. Y vamos a finalizar este acto
gritando todos, con toda nuestra voz y todo nuestro corazón:
¡ VIVAN LAS FIESTAS DE NAVARREDONDILLA !
¡ VIVA SANTIAGO APÓSTOL !
¡ VIVA NAVARREDONDILLA !